Ni sí, ni no, ni blanco, ni negro.

 


Ni sí, ni no, ni blanco, ni negro.

    En la vida, como en el juego, podemos equivocarnos o acertar, sin darnos, a veces, cuenta de que hay infinidad de alternativas. Las cosas no son absolutamente blancas ni negras. Si vemos el mundo en blanco y negro, negamos las combinaciones, los matices o las infinitas gamas de colores.

    En estos tiempos, con la excusa del sálvese quien pueda, donde muchos agachan la cabeza y miran su ombligo, así el egoísmo se intenta justificar sugiriendo que cada uno ha de velar por sí mismo. De esta manera, la falta de comprensión y solidaridad argumentan que bastante le cuesta a cada uno salir adelante como para detenerse a pensar en otros. Sin embargo, la vida no es sencilla para nadie y en muchas oportunidades uno no hace lo que quiere, sino lo que puede. Es aquí donde empezamos a encontrar los grises.

    Existen matices grises que no siempre son fáciles de entender o incluso aceptar. Para muchos solo existen dos extremos: blanco o negro, bueno o malo, entre otros. Podría decirse que no puede existir otra alternativa que estos extremos, ya que no se puede ser un poco honesto y a la vez poco deshonesto, mitad bueno, mitad malo. Para algunas cosas los extremos funcionan, para otras no.

    Uno quisiera ser realmente bueno, descaradamente feliz, intachablemente, honesto, pero no siempre es posible y real. A pesar de nuestra voluntad, es bueno aceptar algunas de las alternativas de grises. Es preciso entendernos un poco más y ser más piadosos con nosotros. Si bien es fundamental mantener los objetivos en los extremos, deseando con toda el alma ser buenos, proponernos ser honestos siempre, amar sin límites, ni egoísmos; apuntando al blanco.

    Debemos evitar que el egoísmo nos gane, que el desamor se apodere de nosotros, que la bajeza nos quede cómoda. Alejarnos del negro. Estas son los dos extremos donde el ser humano lucha constantemente, por ello debemos cargar con nuestros grises a cuestas, ya que será muy difícil llegar al blanco absoluto, y complicado alejarnos por completo del negro que nos rodea o de nuestro propio oscuro.

    Nos encontramos en una liga que se estira y encoge, tratando de buscar lo mejor, pero no siempre encontrándolo, intentando ser más buenos, pero no siempre teniendo éxito, amando, pero tal vez con alguna pizca de egoísmo. Blancos salpicados de negro y negros salpicados de blanco. Siendo el gris el equilibrio del blanco y el negro.

    Debemos ver los grises como una vía necesaria que nos aparte del negro absoluto y nos ayude a llegar al blanco: un ideal, un sueño, un camino de trabajo digno de ser transitado y con un objetivo muy claro. Si nuestra alma busca llegar al blanco, por muchos matices que haya a nuestro alrededor, ninguno será malos. Es cuestión de verlos con cariño, con respeto, por lo que somos y, sobre todo, por lo que intentamos ser.


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