Mueve Montañas: Desata el poder de la fe y Domina tus temores.

 


¿Alguna vez has sentido que una fuerza invisible te impulsa, ya sea hacia tus sueños más anhelados o hacia tus peores pesadillas? Esa fuerza, tan antigua como la humanidad misma, reside en dos polos opuestos: la fe y el temor. Como el yin y el yang, estas dos energías moldean nuestra realidad, atrayendo hacia nosotros aquello en lo que enfocamos nuestra mente y corazón. Mientras el temor levanta muros de incertidumbre, la fe abre caminos hacia lo imposible. ¿Cuál de estas fuerzas estás cultivando en tu vida?

Muchos conocemos el dicho y lo repetimos a menudo. Sin saber muchas veces, en realidad, lo que significa, ni por qué, ni cómo es eso, la fe mueve montañas, y, en cambio, pocos sabemos que el temor también mueve montañas. El temor y la fe son una misma fuerza, es como el yin y el yang. El temor es negativo y la fe es positiva. El temor es fe en el mal o la convicción de que va a ocurrir lo malo. La fe es la seguridad de que va a ocurrir algo bueno y que todo saldrá bien. El temor y la fe son las dos caras de una misma moneda. Observemos bien. Jamás tememos que vaya a suceder algo bueno, pero sí de que ocurra lo malo. La fe siempre se asocia a algo que deseamos; y por lo general no deseamos el mal para nosotros.

Cuando tenemos fe, vemos siempre posibilidades como, por ejemplo:

o    Una persona que, a pesar de las dificultades financieras, mantiene la convicción de que encontrará un trabajo mejor y toma acciones para lograrlo, como enviar currículums y prepararse para entrevistas.

o    Un atleta que, incluso después de una lesión, visualiza su recuperación y entrena con la certeza de que volverá a competir.

o    Una persona que inicia un negocio con pocos recursos, pero con mucha fe, y con trabajo arduo y enfocado, logra el éxito.

El temor se convierte en atracción si temes ocurre y cuando sucede generalmente con aire triunfante, decimos: “¡Ajá, yo lo sabía! Lo presentí”, y salimos corriendo a contarlo para lucir como clarividente. Cuando lo que ha sucedido es que se pensó con temor. “Todo pensamiento lleva una emoción que influye en lo que atraemos.”, es una emoción que se manifiesta y se atrae. Anticipar y esperar es fe. Todo lo que se espera con fe viene y sucede. Entonces, si sabemos que es así, ¿qué nos impide usarla para todo lo que deseamos: amor, dinero, salud, ¿entre otros? Es una ley natural de atracción. “Todo lo que desees, lo que mereces, lo puedes manifestar”.

Cuando nuestro ser está enfocado al temor, abrimos las posibilidades a la decepción como, por ejemplo:

o    Un estudiante que, antes de un examen, se enfoca en la posibilidad de fracasar, lo que le genera ansiedad y afecta su desempeño.

o    Una persona que, por miedo a ser rechazada, evita expresar sus sentimientos y pierde oportunidades de conexión.

o    Una persona que, por temor a perder dinero, no toma las acciones necesarias para invertir y pierde grandes oportunidades.

Para ir fortificando la fe, hagamos una lista de cosas que deseamos, recordando que la necesidad no debe entrar, porque cuando se piensa en necesidad, se trabaja con angustia y temor de que las cosas no salgan como se planean. Enumeremos los objetivos y las metas. Justo al lado de esta lista hagamos otra enumerando cosas que deseamos ver desaparecer, en nosotros o en lo exterior. En el mismo papel, pidamos en grande, dejemos la mezquindad; el universo no entiende de poquito o mucho. Leamos ese papel todas las noches para darle energía hasta que sintamos cada letra, cada deseo como nuestro y realizado sin sentir ninguna duda de lo que ahí escribimos, pensemos como si ya está realizado y demos gracias. Cuando ya están materializados nuestros deseos, evitemos decir “Tal vez se me iban a dar de todas maneras”, porque es mentira. Se dieron porque las pedimos correctamente y trabajamos por ello. Lo exterior se acomodó para dejarlas pasar.

Ahora no dudemos por un solo instante. Nuestros deseos pronto se manifestarán. Somos pacientes. Mientras más tranquilos esperemos, más pronto veremos el resultado. La impaciencia, la tensión y el ponerse a empujar mentalmente destruyen el tratamiento.

“Atrévete a conquistar tus deseos con la fe como tu guía. El poder para mover montañas está dentro de ti.”


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