Incontinencia verbal… Habilidad o defecto de parlotear…
En un mundo donde
las palabras fluyen sin cesar, ¿cuántas veces nos detenemos a reflexionar sobre
su verdadero poder? La ‘incontinencia verbal’, esa incapacidad de controlar lo
que decimos, puede convertir nuestras palabras en armas o en puentes rotos. ¿Somos
víctimas de nuestras propias lenguas, o podemos aprender a dominarlas para
construir relaciones más profundas y significativas?
Pero, ¿qué
significa realmente ser incontinente verbal, y cómo impacta nuestras
interacciones?
La incontinencia
verbal de cierta manera es la incapacidad o la falta de control sobre lo que
decimos, expresando ideas sin filtrar previamente. Desde pequeños nos inculcan
que en la vida y en las relaciones en general debemos controlar lo que, cuando
y a quien decimos, lo que equivale expresarnos de manera oportuna y más bien
cuando esto aporta algo relevante a la conversación y al receptor, ya que
muchas veces decimos cosas que no son de interés del otro. El no contener
nuestras palabras, muchas veces vacías, nos puede hacer pasar por situaciones
embarazosas o vernos perjudicados gracias a un comentario prematuro e
incorrecto.
Imagina el
siguiente escenario:
“En una reunión de
trabajo, un comentario impulsivo puede dañar la reputación de alguien o
descarrilar un proyecto.”
“En una discusión
familiar, las palabras dichas sin pensar pueden herir profundamente y crear
resentimiento”.
En ocasiones
observamos que algunos abusan de su condición de locutor y nos ahogan con su
incontinencia verbal, elevándose a una posición de dominio y anulando las
posibilidades del receptor para expresarse, adivinar y tal vez de entender lo
oyen.
“Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma
clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar”. Ludwig Wittgenstein.
Cuando descubramos
lo útil que resulta “Pensar antes de hablar” no solamente para nosotros mismos,
sino para el resto del entorno, evitaremos dar una mala imagen o quedar
descubiertos como charlatanes. Los que hablan sin parar, muchas veces no
procesan bien lo que dicen y se esconden tras la ingenuidad para justificar las
palabras que en oportunidades pueden resultar desubicadas.
“La mitad del mundo tiene algo que decir, pero no
puede; la otra mitad no tiene nada que decir, pero no calla”. Robert Lee Frost
Aunque muchos no
estemos conscientes, todos tenemos la capacidad de pensar y de hablar con el
lenguaje que sea, ya que se nos otorga el derecho a opinar. Pero todo derecho
implica responsabilidad, como suele ser costumbre. Cada quien quiere ejercer su
derecho sin importarle el derecho de los demás. Cuando no nos informamos antes
para hablar, pensamos que podemos estar orgullosos de nuestra torpeza. Hay que
tener una postura calmada antes de abrir la boca, por más acalorada que sea una
discusión y mostrar inteligencia, en otras palabras, nuestra inteligencia
emocional y ante todo social, hay quienes para desahogarse manifiestan sus
observaciones con mucha crueldad haciendo alarde, innecesario, de su
incontinencia verbal.
“Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido
que abrirla y disipar la duda”. Mark Twain
La falta de ese
tipo de inteligencia demuestra irrespeto por el interlocutor o incapacidad para
escuchar y valorarlo: comunicarse es indispensable, pero entran en juego dos o
más personas. Algunos padecemos de incontinencia verbal permanente y otros dependiendo
de las circunstancias, ambas muy dañinas. El silencio es muchas veces la mejor
respuesta y un poderoso lenguaje.
“Se necesitan dos
años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”. Ernest Hemingway.
“¿Eres dueño de tus palabras, o ellas son dueñas de
ti? Atrévete a controlar lo que dices para construir conexiones más profundas y
respetuosas.”



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